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El enoturismo y los tres secretos de los vinos naturales

El enoturismo y los tres secretos de los vinos naturales

¡Dicen que donde hay vino hay alegría! Y es que el vino y el enoturismo se han convertido a día de hoy en uno de los motivos que más impulsan a los los viajeros enamorados de las viñas y las bodegas a emprender un viaje.

¿A quién no le gusta visitar una bodega, aprender de su historia y degustar sus vinos? ¡Por no hablar del componente gastronómico que mejora la experiencia hasta los límites más insospechados! De todo esto hablo hoy en este artículo destinado a una de las tradiciones más antiguas: la viticultura.

Sí, el enoturismo es el resultado de unir vino y turismo. Pero no solo queda ahí la cosa: el turismo del vino está íntimamente relacionado con la gastronomía, la cultura, la tradición y la naturaleza. Con estos factores es más que normal que esta modalidad de turismo sea la elegida por cada vez más viajeros. El volumen de empresas relacionadas con el vino adheridos a Rutas del Vino de España alcanzó los 54,2 millones de euros este último año, lo que supone un 10% más que el año anterior, según un informe de la Asociación Española de Ciudades del Vino que indica que las visitas a bodegas y centros de interpretación se incrementaron en un 21% en 2016 hasta superar los 2,7 millones de visitantes.

Podría explicar de forma general en qué consiste y como se ha desarrollado esta modalidad de turismo en los últimos años, pero quiero llegar mucho más lejos y ceder el protagonismo al componente orgánico que poco a poco encuentra su sitio entre la que ahora denominamos producción natural. Me refiero a los vinos que se elaboran de una forma muy distinta al resto porque persiguen una filosofía que se ha establecido bajo unos pilares básicos de respeto al campo y a la tradición. Tierras que se trabajan de una manera casi ancestral bajo las normas de la permacultura y la biodinámica y donde, sobre todo, se respeta el medio ambiente. Estoy hablando de un grupo muy limitado de productores y bodegueros como es el caso de los vinos naturales elaborados por la Bodega Maestro Tejero en Peñafiel o Daterra Viticultores en Manzaneda donde se elabora vino con una filosofía que se aleja de lo comercial y que, sin ninguna duda, ha llegado para quedarse.

 

Los tres secretos de los vinos naturales

  1. Filosofía respetuosa con el campo y el vino

La producción de vino natural lucha para recuperar la agricultura más auténtica y tradicional a partir de un trabajo basado en la agricultura biodinámica donde únicamente se utilizan productos no dañinos y que, además, respeta los ciclos naturales para la elaboración de vino y el trabajo en la viña. Un buen ejemplo es el trabajo llevado a cabo por Federico Schatz en Ronda donde mayormente, se huye de cualquier aditivo que contamine la tierra. No se usan abonos químicos, herbicidas, plaguicidas, fungicidas sistémicos ni organismos manipulados genéticamente. En relación a la producción, son vinos que reflejan las condiciones de la tierra y de la añada y que, además, no deben de tener elementos añadidos que alteren los aromas y los sabores originales de la uva. Se elaboran de forma artesanal y predomina el trabajo manual y no se filtran ni clarifican para conservar los componentes naturales para la correcta evolución del vino.

  1. Autenticidad y responsabilidad

Es interesante observar cómo los viajeros se interesan por conocer y probar el producto local de los destinos huyendo de los estereotipos. Lo más curioso es que ocurre de igual forma ahora con el vino. Los destinos vinícolas incluyen variedades de uva muy distintas: Merlot, Cabernet Frank, Syrah pero, ¿son estas variedades uvas autóctonas? Llegados a este punto cabe destacar la responsabilidad de los productores por en primer lugar, utilizar variedades de uva que habían sido olvidadas y que con este trabajo de recuperación se reaviva la viticultura local y, en segundo lugar, la autenticidad de los productores al crear vinos diferentes que recuperan la personalidad de la tierra donde son elaborados. Deberíamos de prestar especial atención a los vinos que han sido elaborados con uvas tradicionalmente autóctonas como es el caso de Mahara, un vino elaborado por la bodega Vinifícate en Cádiz que apuesta por las variedades locales. En definitiva, variedades de uva que además de estar conectadas con la climatología y soportar el frío y el calor de las estaciones mucho mejor que las extranjeras, llevan consigo los sabores y las texturas locales y es que, al igual que decimos de las personas, estas uvas son de aquí.

 

  1. El viticultor pone su sello con el enoturismo

Generalmente, el autor del vino es responsable de la toma de decisiones y de los trabajos que se realizan en bodega y en la viña. Normalmente este tipo de producción corresponde con pequeñas bodegas donde es normal que el dueño se implique en cada una de las tareas dedicando una parte importante de su tiempo de trabajo al viñedo y además que él mismo sea protagonista en cada uno de los procesos de la elaboración de los vinos. Estos detalles van a ser sin duda fundamentales en la labor que desempeña el trabajo de enoturismo para ofrecer un servicio distinto y de calidad donde el autor de los vinos será también el mejor guía de su bodega.

Una de las experiencias que seguro más recuerdan los viajeros cuando vuelven de haber realizado un viaje tendrá casi sin ninguna duda algún matiz humano. Y es que probar los vinos de una bodega puede estar bien, pero si además conocemos a la persona que los elabora y aprendemos sobre cómo los hace, estaremos disfrutando de una experiencia que no todos los viajeros logran. Aquí justamente coincide la tendencia del turismo actual con la enología: la despreocupación de los viajeros por el tiempo y un mayor interés por la tradición y la costumbre local. La bodega Samsara de Pablo Chacón en Ronda apuesta por esta filosofía basada en el turismo Slow para el desarrollo del turismo en la viña con actividades que, a través del turismo, resaltan la importancia de la tradición de la viticultura y el producto local de la Serranía de Ronda dejando atrás al modelo enoturístico tradicional. El Turismo Slow surge del respeto y la preocupación por los detalles que hacen especiales a los recursos cuando viajamos. Así, cursos de cocina al aire libre, talleres pedagógicos sobre el trabajo en la viña y maridajes con platos tradicionales son cada vez más comunes entre los viticultores que tienen la oportunidad de compartir su trabajo, ahora a través del turismo.

En definitiva, el enoturismo se desarrolla cada vez más hacia el camino del aprendizaje y el disfrute de los recursos que realzan el valor de la tradición y la cultura y aquí el vino, tiene aquí mucho que contar.

Fotografía de

Kym Ellis

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