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Recomendaciones para ser un viajero Slow

Un turismo como el de antes. El viajero Slow

Viajar nos sirve para hacer una pausa en nuestro día a día y permitirnos conocer otras culturas, pero a menudo, podemos tener la impresión de que el dinero define nuestra experiencia de viaje ya que hay ocasiones que puede parecer que cuánto más pagues, más disfrutas.

¨El viajero slow busca vivir experiencias reales y auténticas, pero no quiere sentir que paga para conseguirlo¨.

Hoy por hoy, el viajero no quiere sentir la necesidad de tener que pagar para conseguir sus objetivos. De este modo, tener la sensación de que somos capaces de encontrar aquello que estábamos buscando puede ser la mejor satisfacción que podemos tener de un viaje. Este es justamente unos de los puntos a destacar cuando hablamos del Turismo Slow ya que nos permite acercarnos a una red de posibilidades que se dan a partir del contacto personal que aparece entre viajero y local y que conseguimos gracias al ritmo pausado, ¡prisas fuera!

El viajero Slow aparece para hacer frente a la cara más fea de la industria turística. Y es que, disfrutar de una comida con productos de la zona y dedicarle un momento a conocer su procedencia puede suponer un claro ejemplo de la filosofía Slow Travel donde el precio más o menos alto y el disfrute no tienen que estar para nada relacionados. Además, puede ser justamente a partir del interés mostrado en conocer el origen de estos productos que surjan otras experiencias como la visita a la granja, la tienda o la fábrica donde se producen estos productos.

Destinos que son tradicionalmente conocidos por determinados productos como pueden ser el vino o la artesanía, cuentan con un amplio abanico de actividades relacionadas con su elaboración como el enoturismo. Estas experiencias procuran, además, fomentar la comprensión de la costumbre local y al mismo tiempo conectar a los viajeros con la comunidad.

El Turismo Slow nos permite conectar mucho mejor con el destino y nos facilita también, disfrutar de otras experiencias surgidas de un primer contacto con el lugar que visitamos. Es quizás la autenticidad de las experiencias que podemos encontrar gracias a esta modalidad de turismo lo que más atrae al viajero por esta filosofía de viaje. El Turismo Slow anima al viajero, en primer lugar, a desarrollar una relación personal con la vida tal y como es para los locales del destino y, en segundo lugar, invita a descubrir la riqueza de la verdadera cultura que se oculta bajo la masificación y los estereotipos, responsables muchas veces, de la pérdida de originalidad en el sector.

Recomendaciones para ser un viajero Slow

El uso de la tecnología aplicada al turismo es fundamental para organizar un viaje. De este modo, planificar tu ruta teniendo en cuenta blogs de viaje, plataformas especializadas en turismo responsable y plataformas locales que nos permitan acceder a la comunidad local nos facilitan acercarnos al lado más real de los destinos.

• Busca hoteles que basen su idea de negocio en un proyecto personal  donde prime la personalidad y donde los dueños sean quienes te asesoren sobre los lugares donde ir a comer y sobre qué visitar.
• Consume local comprando en el pequeño comercio siempre que cuente con el producto de la zona entre sus estantes. Además de comprar original pondrás en valor al destino.
• Visita restaurantes que basen sus menús en producto local y de temporada. El ingrediente estacional y Km0 no solo favorece a la economía de la zona, sino que también nos permite ser responsables durante nuestro viaje y consecuentes con el medioambiente.
• Reflexiona de cómo has llegado al destino y sobre cómo te desplazas de un lado a otro. Ser conscientes del posible daño medioambiental causado con nuestra visita es básico cuando viajamos. Existen plataformas para compensar tu huella medioambiental que nos facilitan el ser viajeros responsables.

Dentro de la corriente viajera que nos propone el Turismo Slow podemos encontrar muchas coincidencias relacionadas con otros movimientos dentro del sector: el Eco-turismo, el Agro-turismo, el Turismo Consciente o el Turismo Responsable no son más que la prueba de que el trabajo dentro del sector puede hacerse bien y que es posible fomentar al mismo tiempo que los destinos se desarrollen de forma positiva y sostenible gracias a la relación entre local y viajero.

Sin duda, vivimos una realidad donde existe la necesidad de contextualizar el turismo de la mano de la tradición rural, la agricultura y la gastronomía bajo el marco ecológico como factor clave dentro de la cultural de los destinos. Así, hay que tener especial cuidado en la gestión de los territorios para no viralizarlos y no permitir que el turismo masivo destruya el encanto que los hace tan especiales.

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